En su ya lejana juventud, los viejos del palco eran aficionados al modelismo (estático y militar para ser exactos). Una cosa lleva a la otra, y... +/- Leer más
el modelismo les llevó a la revista "Military Modelling". Un día, motivados por sus aficiones y alentados por una moderada consumición de cerveza, publicaron un anuncio en dicha revista pidiendo gorras militares de cualquier parte del mundo. Durante unos años cambiaron prendas de cabeza (así se les llama a lo fino) con gente del Reino Unido, Polonia, Nueva Zelanda, Australia y otros exóticos parajes. Si bien sus achaques no les permiten continuar con figuras y maquetas con el ritmo y dedicación que a ellos les gustaría, todavía, de vez en cuando, despliegan sus archiperres bajo la luz del flexo y se ejercitan en tan noble afición. Lo que sí que han conservado y mantendrán hasta el último de sus días es esa persistente manía de pedir a todo el que conocen (o no) que les traiga una gorra militar de su destino de vacaciones, trastero a vaciar o casa de sus abuelos a derribar. En este blog se recogerán pensamientos repentinos, ideas (las más de las veces descabelladas), vivencias publicables y se compartirán con la audiencia las adquisiciones gorrísticas (o de gorra) acumuladas a lo largo de tantos y tantos años. Y por qué no, alguna que otra figura recién pintadita, antes de que el polvo cubra sus detalles.

miércoles, noviembre 11, 2009

Alcorcón, Alcorcoooooooón, Alcorcón te quieroooo...!!!

martes, noviembre 10, 2009

Cerrajería Popular

Cerrajería popular. Compilación de una suerte de sistemas, apaños, chapuzas, composturas, reparos, remiendos, acomodos, avíos, conveniencias. etc., sobre diversos soportes, principalmente armazones de madera, hierro u otras materias, que, engoznadas o puestas en quicios y aseguradas por el otro lado con llaves, cerrojos u otros instrumentos, sirven para impedir la entrada y salida; o sea, puertas.


domingo, noviembre 08, 2009

milagro

Esa es la palabra que define para toda una generación de atléticos la posibilidad de una victoria del glorioso frente al mandril, ya en nuestro campo, ya en la cuadra.

Esta vez tampoco pudo ser. Hemos vuelto a ver cómo los de la sábana se van del Manzanares con los tres puntos y la sonrisa de oreja a oreja. Seguimos concediendo goles tontos y regalando puntos como si fuéramos una ONG pero sin tener, como ellas, la satisfacción de hacerlo por una buena causa.

Reacción rojiblanca en la segunda parte tan tardía y contundente como insuficiente. El Paseo de los Melancólicos sigue sin hacer méritos para cambiar de nombre.

Pero se siente, se huele, esto va a cambiar pronto. El milagro está cerca, y el tiempo en el que ganarles no lo sea, y se convierta en síntoma de normalidad absoluta, también.

jueves, noviembre 05, 2009

a bidge too far

Es el segundo arrebato cinematográfico del día. El primero lo compartiré en otra ocasión con vosotros, pero este momento...



este briefing es memorable.

Seremos la caballería...

martes, noviembre 03, 2009

Menos suerte que el taxista de Londres

Este tuvo menos suerte que el taxista del post anterior, si bien es verdad que debía haberla hecho peor, ya que el coche gris era un camuflado que le perseguía. Yo iba en el coche y de repente vi al amarillo volando y dije "¡Mira han puesto un anuncio de un coche volando enfrente del hotel...!"; pues no, volar volaba, pero no era un anuncio.

domingo, noviembre 01, 2009

vandalismo

El taxista bajaba de Haymarket St. cuando embistió a unas chicas orientales que cruzaban todavía a pesar de que el muñequito del semáforo estaba ya rojo. Las quiso intimidar con su brusco acelerón y sólo un leve volantazo en el último instante consiguió evitar que sus mondongos quedaran esparcidos por el asfalto. Todos los transeúntes apreciamos una muy mala baba en su agresivo comportamiento. El taxista sin duda estaba orgulloso de su maniobra y de cómo había marcado terreno en la jungla del tráfico londinense.

Pero hete aquí que unos metros más abajo, al girar por Jermyn St. el semáforo se le puso a él rojo y, sin saber de dónde ni cómo, apareció un grupo de jóvenes de color (de color negro) que, sin piedad alguna, patearon todas las superficies de chapa del taxi, introdujeron lo que parecía una barra metálica  por el lado del acompañante y, como decía mi padre, dejaron la ventanilla del conductor hecha mixtos. Las abolladuras eran bien patentes en toda la carrocería.

Tan rápidamente como aparecieron se esfumaron, ayudados por la multitud, su color de piel y ropa y su extraordinaria agilidad.

La cara del conductor, que cinco segundos antes mostraba un raro orgullo, ahora era una extraña mezcla de terror, rabia e impotencia mientras con el codo trataba de deshacerse de los cristalitos para al menos poder utilizar el retrovisor.

Por chulo.

¿Quién fue más vándalo?


Imagen de Wikimedia Commons.

P.S.: La próxima vez que vayais a Londres, una vez seguros de que habeis metido el cargador de la cámara fotográfica en la maleta aseguraos, antes de salir de casa, de que alguien cogió la cámara también.

viernes, octubre 30, 2009

Lio carnal