Iban en un coche un belga, un francés y dos españoles... Pues no, no es de chiste.
La idea era ir a comprar unos discos duros extraíbles a un almacén que sirve material informático por internet.
Aprovechando el parón de dos horas para el almuerzo nos acercamos cada uno con su papelito. El individuo A, el más rata del grupo (sector "los que gastan", porque luego hay otro sector) había pasado media hora buscando y rebuscando en internet la forma de ahorrarse lo más posible y encontró que el mismo disco duro externo valía unos veinte euros menos si se compraba en forma de "kit" y pensó que él ponía esos cables y esos cuatro tornillos con la gorra, por lo que se decidió, una vez más en su vida, por lo más barato.
El individuo B buscó el artículo que quería, con las características que le eran necesarias y también se decidió.
Los individuos C y D pertenecían al sector "luego ya si eso me lo compro", esos que esperan a ver cómo te sale, cuánto te cuesta, si funciona y si va a bajar medio euro en los próximos seis meses.
Cuando A ya tenía su caja de cartón bajo el brazo, llegó el turno de B. A miraba la factura y le llamó la atención que el canon de reciclaje y la Rémunération pour Copie Privée ascendían a cero y pensó que por una vez se equivocaban a su favor y lo comentó. Un error del señor que estaba allí currando hizo que la factura de B anduviera suelta por el mostrador unos minutos y al curiosearla los presentes se extrañaron de que la prima de reciclaje fuera de cero euros pero la RCP alcanzara casi los veinte.
Llegaron a la conclusión de que puesto que el artículo se vendía con facturas expedidas a residentes en otro estado, era lógico que no se cobrara el impuesto de reciclaje (que de todas formas no llegaba a quince céntimos por artículo), pero que en una factura sí y en la otra no apareciera el canon digital sólo podía tener una explicación, que confirmó el tipo que se tiró media hora para traer el disco de B y rehacer siete veces la factura: A estaba comprando un kit, formado por una caja con unos cables y unos tornillos y un disco duro INTERNO, mientras que B estaba adquiriendo uno EXTERNO.
Estupefactos, los comentarios fueron subiendo de tono, sobre todo por parte de C y D (ya veis), y allí aparecieron las sociedades de gestión de derechos de autor con sus respectivas madres y padres (en caso de que los hubieran conocido) y los legisladores de todo el continente con sus respectivos ancestros.
B levantó solemne las manos para calmar la algarabía y pidió que le aclararan si eso que estaba comprando él no se componía también de una caja, cables y un disco duro interno, y si había más componentes que las simples mentes de los asistentes no hubieran llegado a imaginar siquiera. No sólo se lo confirmaron, sino que le ofrecieron venderle el mismo artículo en kit con lo que se ahorraría el canon, puesto que éste no gravaba los discos duros internos y sí los externos.
A los compradores y sus acompañantes no les faltó más que hacer la ola allí mismo. Era absurdo, ridículo. La diferencia de precio que A había descubierto en internet no se debía al trabajo de montar el disco en su soporte, ¡sino a las dos diferentes denominaciones de un mismo artículo!
Con la sensación de haber vencido al sistema, de que tontos hay en todas partes y que el que hizo la ley hizo la trampa (verdad verdadera donde las haya), A, B, C y D volvieron a su trabajo y esa tarde, al salir, dieron buena cuenta de un barril de Warsteiner ("vache-teiner", según D) en el bar de los cisnes, a la salud del canon.
La cagada de A al formatear su flamante disco duro nuevo y equivocarse de unidad será, para chanza de la audiencia, objeto de otra entrada.
viernes, mayo 23, 2008
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O sea, que si es interno ya viene preconfigurado para no piratear, ¿no?... Y yo pregunto... ¿Qué dijo Paul? :-D
ResponderEliminarJajajajajajajaja
ResponderEliminarSalu2