En su ya lejana juventud, los viejos del palco eran aficionados al modelismo (estático y militar para ser exactos). Una cosa lleva a la otra, y... +/- Leer más
el modelismo les llevó a la revista "Military Modelling". Un día, motivados por sus aficiones y alentados por una moderada consumición de cerveza, publicaron un anuncio en dicha revista pidiendo gorras militares de cualquier parte del mundo. Durante unos años cambiaron prendas de cabeza (así se les llama a lo fino) con gente del Reino Unido, Polonia, Nueva Zelanda, Australia y otros exóticos parajes. Si bien sus achaques no les permiten continuar con figuras y maquetas con el ritmo y dedicación que a ellos les gustaría, todavía, de vez en cuando, despliegan sus archiperres bajo la luz del flexo y se ejercitan en tan noble afición. Lo que sí que han conservado y mantendrán hasta el último de sus días es esa persistente manía de pedir a todo el que conocen (o no) que les traiga una gorra militar de su destino de vacaciones, trastero a vaciar o casa de sus abuelos a derribar. En este blog se recogerán pensamientos repentinos, ideas (las más de las veces descabelladas), vivencias publicables y se compartirán con la audiencia las adquisiciones gorrísticas (o de gorra) acumuladas a lo largo de tantos y tantos años. Y por qué no, alguna que otra figura recién pintadita, antes de que el polvo cubra sus detalles.

domingo, noviembre 01, 2009

vandalismo

El taxista bajaba de Haymarket St. cuando embistió a unas chicas orientales que cruzaban todavía a pesar de que el muñequito del semáforo estaba ya rojo. Las quiso intimidar con su brusco acelerón y sólo un leve volantazo en el último instante consiguió evitar que sus mondongos quedaran esparcidos por el asfalto. Todos los transeúntes apreciamos una muy mala baba en su agresivo comportamiento. El taxista sin duda estaba orgulloso de su maniobra y de cómo había marcado terreno en la jungla del tráfico londinense.

Pero hete aquí que unos metros más abajo, al girar por Jermyn St. el semáforo se le puso a él rojo y, sin saber de dónde ni cómo, apareció un grupo de jóvenes de color (de color negro) que, sin piedad alguna, patearon todas las superficies de chapa del taxi, introdujeron lo que parecía una barra metálica  por el lado del acompañante y, como decía mi padre, dejaron la ventanilla del conductor hecha mixtos. Las abolladuras eran bien patentes en toda la carrocería.

Tan rápidamente como aparecieron se esfumaron, ayudados por la multitud, su color de piel y ropa y su extraordinaria agilidad.

La cara del conductor, que cinco segundos antes mostraba un raro orgullo, ahora era una extraña mezcla de terror, rabia e impotencia mientras con el codo trataba de deshacerse de los cristalitos para al menos poder utilizar el retrovisor.

Por chulo.

¿Quién fue más vándalo?


Imagen de Wikimedia Commons.

P.S.: La próxima vez que vayais a Londres, una vez seguros de que habeis metido el cargador de la cámara fotográfica en la maleta aseguraos, antes de salir de casa, de que alguien cogió la cámara también.

6 comentarios:

  1. Pa' haberse matao, jajajajaja.
    Esto se llama justicia poética.
    Por cierto, ¿se os olvido llevar algo más? No se... por ejemplo.... ¿la maleta?
    Besos viejito :* :*

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  2. Eso se llama panda de gilipollas que viven en Londres, las orientales, los coloreados (por que les llaman de color?, acaso los "blancos" no tienen color') y el capullo del taxista. De los habitantes de la perfida Albion no se puede esperar mas, o recordamos a los super hinchas futboleros?

    El aleman ya no perdona al viejo mas viejo, nchst...

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  3. Pa habernos matado hombre...

    Y si, por chulete

    Besicos

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  4. jus jus jus
    Por eso no se puede ser tan chulo, porque cuando menos te lo esperas te vacilan a ti.
    Saludos!!

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  5. Lo mejor, sin duda, es... ¡LA POSTDATA! jajaja
    Una que suele tener esas ocurrencias también... jejejeje

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